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Crónica 

Santa Fe, herencia y pasión.

Miércoles cinco y media de la mañana. Gerson Chaves se levanta a desayunar y luego a vestirse, aunque sabe que está totalmente desgastado por los últimos dos días de trabajo y el agite que genera su labor, hoy será un día diferente pues en la noche juega Independiente Santa Fe, el equipo que le ha regalado durante muchos años alegría tanto como angustias, enojo y tristezas pero que él por ningún motivo abandona. A las seis y media de la mañana va saliendo para su trabajo, mientras va en su moto piensa que el equipo con el que juega hoy Santa Fe es un rival difícil pues va de primeras en la tabla de la liga colombiana.

Gerson desde los 7 años empezó a ir al Estadio Nemesio Camacho El Campin junto con su padre del que heredo la pasión, los dos se ubicaban en la tribuna oriental donde saltaban y cantaban los versos que alientan al equipo, sintiendo en su cuerpo sensaciones que antes no había podido vivenciar a flor de piel, la emoción de ver a su equipo en la cancha, el enojo por alguna falta que fue mal pitada por parte del árbitro y el temor cuando algunos de los jugadores importantes se quejaban de dolor. Carlos Chaves, su padre hacía parte de un grupo de aficionados que llevaban por

nombre “Los Saltarines” del que salieron muchos hinchas que ahora hacen parte de alguna barra de Independiente Santa Fe, por lo cual Gerson siempre supo lo que era seguir en las buenas y malas al equipo. A los 13 años Gerson empezó a entrar en la tribuna sur que es conocida por ser en donde se

ubican las barras bravas, y aunque era pesado el ambiente muchas veces, pues, las sensaciones que generaban en él eran diferentes, esa gente se empezó a convertir en su familia, empezó a convivir con personas que entendían su pasión por el fútbol y que poco a poco se integraban a su vida. Cuando llega a su trabajo a las siete y veinticinco de la mañana se da cuenta que será nuevamente un día con una carga laboral fuerte, pero nada de eso le hace disipar la emoción que siente por la cita que tiene con Santa fe, para él cada hora que pasa y en que se acerca más a la 

noche lo hace entender que para su vida, y seguramente si tiene hijos para ellos también, el fútbol y la pasión que siente por Santa Fe es una parte esencial, dado que Carlos  fue quien le enseñó a sentir amor hacia un equipo de fútbol, del mismo modo que el abuelo le mostró a su hijo sentir como en 90 minutos se podría desconectar del mundo.

En el 2013 Gerson iba cada domingo al estadio para ver a su equipo, así que, era común que todos lo saludaran como un amigo de mucho tiempo, estaba en el colegio y desde este mismo año se unió a la banda de guerra tocando la trompeta. La música como el futbol lo ayudan a olvidar por un momento las angustias por su carrera universitaria y su trabajo, que mejor manera de unir sus dos pasatiempos favoritos que uniéndose al Sonido Cardenal que es la instrumental del equipo albirrojo, gracias a un amigo del Estadio que casualmente también estudiaba en su colegio, quien lo 

invito a ser parte del proyecto y así compartir más espacios de música y fútbol, para mediados de ese mismo año Gerson ya tocaba la trompeta en el estadio acompañado de redoblantes, bombos y trombones.

Ya a las cinco de la tarde se va alistando para salir del trabajo, con su camiseta roja lista y dirigirse a la carrera 30 con calle 57 al Nemesio, pero antes como es tradición para los equipos capitalinos parar en la plazoleta de comidas con más historia de la zona, el Palacio del Colesterol, donde antes de cada partido la hinchada cardenal se reúne para comer y relajarse antes de entrar al encuentro deportivo. Para Gerson ese lugar con olor a aceite quemado y comida rápida lo transporta inmediatamente a su niñez cuando su abuelo tenía un puesto y trabajaba atendiendo a hinchas que se reunían para disfrutar la comida previo al partido.

Desde pequeño cuando llegó al Campin Gerson creó una unión con la hinchada, ya que, hay personas que comparten el mismo gusto, el mismo amor, el mismo sentimiento y así mismo la energía de ir a interpretar instrumentos musicales. Y haciendo esto fue que lo conocí cuando en un clásico capitalino entre la multitud que había en la tribuna popular logré escuchar la notas que provenían de la trompeta y que acompañaban a los canticos tradiciones. Gerson tiene claro que las amistades y vínculos que se dan en este espacio lleno de fútbol trascienden más allá. El fútbol más allá del estadio trasciende a los entornos personales convirtiéndose en un detonante para que las personas puedan compartir entre ellas mismas y crear esta unión, que a medida que pasa el tiempo puede lograr grandes cosas.

Cuando a las siete y media sus amigos y él comieron algo, están totalmente listos y con su euforia al tope para entrar a alentar al equipo que llevan en el alma, antes de arribar al estadio busca su instrumento y cuando pisa la tribuna sur ya siente en su cuerpo la emoción que se junta con la angustia por los posibles resultados que se pueden dar tras el partido.

Gerson sabe que su lugar seguro es el estadio, con su gente, en donde se olvida de todo, lo que se vuelve rutina por unas horas es inexistente y cuando en su trompeta suena la primera nota que marca lo que para él es el inicio de la noche suelta todo aquello que lo amarra a las obligaciones de una vida cotidiana.

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